Una forma es reconocida como línea por dos razones: a) su ancho es extremadamente estrecho; b) su longitud es prominente.
Una línea. por lo general, transmite la sensación de delgadez. La delgadez, igual que la pequeñez, es relativa. La relación entre la longitud y el ancho de una forma puede convertirla en una línea, pero no existe para esto un criterio absoluto.
En una línea deben ser considerados tres aspectos separados:
La forma total. Se refiere a su apariencia general, que puede ser descrita como recta, curva, quebrada, irregular o trazada a mano.
El cuerpo. Como una línea tiene un ancho, su cuerpo queda contenido entre ambos bordes. Las formas de estos bordes y la relación entre ambos determinan a forma del cuerpo. Habitualmente, los bordes son lisos y paralelos, pero a veces pueden ocasionar que el cuerpo de la línea parezca afilado, nudoso, vacilante o irregular
Las extremidades. Estas pueden carecer de importancia si la línea es muy delgada. Pero si la línea es ancha, la forma de sus extremos puede convertirse en prominente. Pueden ser cuadrados, redondos, puntiagudos o de cualquier otra forma simple
Los puntos dispuestos en una hilera pueden dar la sensación de una línea. Pero en este caso la línea es conceptual y no visual, porque lo que vemos es todavía una serie de puntos.
Se puede entender una línea como una cadena de puntos unidos. Indica posición y dirección y posee en sí misma una cierta energía; la energía parece avanzar a lo largo de su longitud e intensificarse en sus extremos, posee una velocidad implícita y el espacio próximo se ve activado por la dirección de la línea. De un modo limitado, la línea es capaz de expresar emociones: una línea gruesa, por ejemplo, se asocia con la audacia, una línea recta con la fuerza y la estabilidad, una línea en zigzag con la excitación, aunque todo esto son simples generalizaciones.
Líneas rectas de la misma longitud y grosor en agrupaciones paralelas pueden introducir factores de relación proporcional e intervalos rítmicos; cambiando las longitudes y los grosores de las líneas, se experimentan ritmos más complejos y provocan un impacto visual mayor.
Operando conjuntamente con líneas horizontales y verticales se puede introducir el principio de las oposiciones equilibradas de tensiones. La vertical expresa una fuerza de significación primordial: la gravedad. La horizontal, a su vez, contribuye a una sensación primaria: un plano soportante. Las dos juntas producen un sentimiento profundamente satisfactorio, quizás porque simbolizan la experiencia humana del equilibrio absoluto, de mantenerse en pie en el plano del suelo.
Las diagonales introducen poderosos impulsos direccionales, un dinamismo que es el resultado de las tendencias no resueltas hacia la vertical y horizontal que se mantienen en suspensión equilibrada.
Cuando se usa la línea en relaciones de curvas emerge una cualidad rítmica completamente diferente. Pero es importante darse cuenta que en toda curva hay una estructura de relaciones rectilíneas subyacentes que explica más sencillamente los factores direccionales y proporcionales de la curva concreta.
Y cuando nos enfrentamos con formas de curva sutil, es conveniente analizarlas en base a una red vertical-horizontal para grabarnos en la mente la naturaleza específica de las curvaturas implicadas. Durante siglos se ha recomendado este método a los dibujantes para comprobar los ángulos concretos y las medidas y formas en el dibujo del natural o de otro dibujo.
(Van Gogh utilizó una "trama de dibujo" de este tipo hasta mucho después de su época de principiante: véase la carta a su hermano Theo n.° 223.)
Tal vez sin darse cuenta, muchos artistas maduros tienen la referencia constante de una vertical-horizontal. Al asociar señales rectilíneas y curvilíneas juntas, se puede estudiar y apreciar las energías creadas entre ellas.