Una forma es reconocida como un punto porque es pequeña.
La pequeñez, desde luego, es relativa. Una forma puede parecer bastante grande cuando está contenida dentro de un marco pequeño, pero la misma forma puede parecer muy pequeña si es colocada dentro de un marco mucho mayor.
La forma más común de un punto es la de un círculo simple, compacto, carente de ángulos y de dirección.
Sin embargo, un punto puede ser cuadrado, triangular, oval o incluso de una forma irregular.
Por lo tanto, las características principales de un punto son: a) su tamaño debe ser comparativamente pequeño, y b) su forma debe ser simple.
La unidad más simple, el punto, no sólo indica una posición sino que posee en si mismo energías potenciales de expansión y contracción que activan el área de su entorno. Cuando tenemos dos puntos, hay un planteamiento de medida y una dirección implícita y sus energías "internas" crean una tensión específica entre ellas que afecta directamente al espacio intermedio.
Usando libremente puntos, en grupos o difusos, se crea una variedad de energías y tensiones que activan la totalidad del área en la que se encuentran. Todas estas sensaciones se incrementan si nos permitimos introducir diferencias de tamaños entre los puntos.
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